domingo, 25 de octubre de 2009

¿Más pimientos todavía?

Hace semanas que no encontraba un hueco para escribiros. También queríamos haber organizado el encuentro de socios aquí en octubre. Pero no hemos podido: ha sido un mes denso, con muchos imprevistos aparte del trabajo, problemas de salud en la familia…

Lo primero, aclaraciones sobre el contenido de las cajas. Una de las socias nuevas me pregunta por la hierba aromática de hace dos semanas: era albahaca, que muchos ya conocéis. Y en la última caja pusimos un poco de perejil.

Los tomates ya van a menos: poco les queda, porque ha empezado a hacer frío. De todas formas, en la foto podéis ver algunas de las variedades que habéis estado recibiendo: Corazón de buey, Ruso, Bistec, Negro de Crimea, Tirvia y Marmande. También la pasada semana algunas cajas llevaban tomate de tipo pera, que se suele usar para hacer salsa, cuando termine de enrojecer.

Otra pregunta que me ha llegado es sobre las variedades de pimiento que recibís. Las últimas dos semanas y esta que viene (última de octubre) recibís mayoritariamente pimientos tipo dulce italiano, los alargados con formas algo caprichosas que normalmente se venden cuando están verdes para guisar, freír o asar y que en este caso van más maduros, de color rojo o pintones, pero que pueden usarse igual. También estas semanas, en algunas cajas van algunos otros tipos como los amarillos o los cuadrados rojos.

Esta semana pondremos además algunos de asar y de la variedad local cuerno de cabra en algunas cajas. Son largos, curvos y acabados en punta. Pican un poco, pero el picor sólo está en las tiritas de color más clarito donde están las semillas, o sea, en la “placenta” del pimiento. Si se retira con cuidado, el resto no pica y para muchos es la variedad más sabrosa.

Si estáis cansados de pimiento, pensad que ya queda poco y quizá dentro de unos meses los echéis de menos. Podéis hacer una conserva fácil asándolos o sofriéndolos en tiras o pedazos con cebolla o solos, y una vez escurridos, embolsarlos y congelarlos para usarlos en guisos que hagáis en el futuro.

Próximamente os enviaremos una pequeña ristra de pimientos choriceros que tendréis que colgar en algún sitio ventilado, para que terminen de secarse. Una vez secos, podéis usarlos para sopas o salsas en invierno.

Las tareas de octubre han venido marcadas por las previsiones del tiempo: los días soleados que precedieron a la primera helada nos apresuramos a recoger todas las cebollas que quedaban (foto), las calabazas y la mitad de las patatas. Las tenemos ya en el almacén.

Heló con ganas. Incluso dentro del invernadero, las puntas de los tomates y vainas se quemaron.

Y estos días atrás, ante la previsión de lluvia, terminamos de trillar las alubias a todo correr y dejamos sembradas las habas y guisantes para primavera y quitada la hierba a los puerros y coles. A tiempo.

Ya os enviamos puerros, que va siendo hora. Y calabaza. Este año se ha dado muy bien la variedad Potimarron (creo que el nombre más técnico es Kuri roja de Hokkaido). También sembramos en abril la “cacahuete” y la larga de Gernika, que es la más común en las tiendas. Pero la siembra de ésta última falló y hay poca. El primer envío será de potimarron. Os recuerdo que la piel se puede comer, quitándole las verrugas o cicatrices ásperas.

Hemos arrancado las matas de pepino y berenjena haremos lo mismo en breve con el calabacín. O sea, nos despedimos de estas hortalizas hasta el próximo verano.

Este año falló la siembra de agosto de espinacas por semilla en mal estado y resembré en septiembre. Con frío y menos sol crecen lentas: os llegarán más tarde de lo previsto, quizá en invierno. Para la primera escarda (quitar las malas hierbas) entre líneas de espinaca, coles o cebolla, usamos la azada de rueda (foto). Hay tardes soleadas que acuden criaturas curiosas a ayudar en esta tarea. En este caso no sé lo que es ¿un elfo o un pequeño mamífero bone?

Como estáis viendo la variedad de acelga verde penca ancha funciona mejor aquí que la del año pasado (Amarilla de Lyon). Vaya pencas están saliendo en el invernadero, ¿verdad?. Da gusto recolectarlas (foto). Esta semana quizá a alguna caja le lleguen acelgas variadas de la colección de colores que tenemos al aire libre.

También empezamos con las reinetas ecológicas de Juanjo Gandía, del cercano valle de Caderechas. Me dice que este año no hay peras (de aquellas que gustaron tanto el año pasado). Las pocas que cuajaron se las han comido los pícaros “jayos”. Así llaman ahí a los arrendajos, esos coloridos pájaros que parece que se carcajean de ti cuando se escabullen en la espesura.

Las noches de escarcha enrojecieron las hojas de los cornejos, los escarrios (así llaman aquí a los arces) y los cerezos silvestres. Y los aguaceros de esta pasada semana ya han traído el verdadero otoño con días melancólicos y humo de leña.

En el pueblo hemos dado la triste despedida a Nisines, un querido vecino recién fallecido, al que algunos de vosotros conocisteis el otoño pasado: fue él quien sacó las patatas con su tractor el mismo día que vinisteis al encuentro de otoño.

Este año no sé si podremos organizar la comida de socios de otoño en el pueblo. Quizá a mediados de noviembre, aunque ya haga frío, el 14 o el 21 de noviembre. Si es posible os avisaré. Abrazos.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Los melocotones

La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales.

Esta cita de La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, lleva años en el tablón del porche del albergue de Amayuelas. Y cada vez que la releo me dice algo nuevo: sobre “mis” gatos, la ganadería industrial, lo que como… también me recuerda a un amigo, Cipri.

Hace años vino una pareja de la ciudad para conocer a Cipri y hablar de proyectos y agricultura eco. Con ellos traían a Negu, un pastor alemán recogido en una perrera y que había recibido muchos palos en la vida. Era un animal desconfiado con las personas y nunca se dejaba tocar por desconocidos hasta pasados muchos días de trato amable.

Encontramos a Cipri pastoreando una docena de vacas por los rastrojos veraniegos de su pueblo, con un trozo de tubo de plástico a modo de vara.
Le saludamos desde lejos. Negu trotaba alegre por delante y fue el primero en llegar. Lentamente se acercó hasta dejar su cabeza bajo la mano de Cipri, que lo acarició mientras nos saludaba.
Los visitantes no daban crédito a lo que veían. ¿Qué percibió el perro en ese ser bondadoso para dejarse tocar, incluso hasta buscar el contacto de su mano?
Esa misma mano grande es la que ha recogido los melocotones de esta pasada semana.

Lo cierto es que este buen amigo, tímido, de risa explosiva con lágrimas, tiene un don para los animales y el huerto. Nacido y criado en una casa humilde al pie de la sierra de la Tesla, ha viajado desde su azada y la cuadra de toda la vida a una conciencia sorprendentemente abierta. Lo conocí cuando llegué a Las Merindades, hace quince años. Decubrimos entonces que tanto él como yo acabábamos de cosechar 800 kilos de alubias ecológicas sin saber cómo las íbamos a vender. Callejear por Bilbao recorriendo tiendas y restaurantes con sendos sacos de alubias al hombro une mucho. La venta fue desastrosa.
Apasionado por la agricultura biodinámica, que va más allá de la “ecológica”, Cipri suele presentarse inesperadamente, siempre con algún regalo: cerezas, ciruelas, manzanas…

Hace unos días me telefoneó: -Tengo unos melocotones muy ricos, Iñigo. ¿Te interesan para tus cajas? –Venga, vamos a probarlos.Son los que habéis recibido esta semana. Y creo que la que viene meteremos alguno más.
Los melocotoneros los plantó hace unos años en Mijangos, en una finca de cascajo, que va bien para este árbol, porque drena fácil, cerca del río Nela. –¿De qué variedad son? - De alguna autóctona… Los plantones me los vendieron unos jubilados que tenían un viverito en Tamayo, cerca de Oña, son de patrón franco (o sea, de hueso de melocotón sembrado) injertado con esa variedad de la zona.

Hay plantaciones profesionales de melocotón ecológico en Navarra, en Murcia, en Extremadura… fincas grandes que envasan toneladas de fruta de cultivo ecológico certificado. Recibisteis algo de esto en las cajas de Junio. Era otra cosa.

Después de varios años sin dar fruto apenas, esta vez las ramas estaban tan cargadas que Cipri tuvo que apuntalarlas. Ha coincidido que la flor no se heló en marzo y que el verano ha sido ideal para esta fruta: seco y soleado (aunque las raíces piden riego generoso). Así que os hacemos partícipes. Si están un poco duros esperad unos días a que terminen de madurar en casa.

Esta vez la caja también ha llevado una ramita de hierbabuena, que si tenéis tendencias caribeñas puede servir para un mojito y si africanas para un té moruno. O bien como condimento. Intentaremos que os llegue una ramilla de tiempo en tiempo.

Hemos empezado a sacar y a repartiros nuestras primeras patatas de la temporada. Éstas son de la variedad Spunta.
Un socio me dijo que ya no sabía qué hacer con la berenjena, que la cocía, porque frita chupa mucho aceite. ¿Cocida?!! A otros socios interesados por la macrobiótica les parece demasiado “yin”. De acuerdo, es una hortaliza yin. Creo que la mejor y más simple solución para ambos es el horno (como decía la canción “…ya la mete en el forno”), cortada en mitades o rebanadas gordas, con un poco de aceite y sal. El horno “yanguiza”, o bien le quita un poco el carácter “yin”. No queda aceitosa y resulta deliciosa acompañando arroz, carne, pasta, con guisos varios, con pan. Ante la duda, volvamos a lo simple.

Por fin ha llovido y se ha lavado el campo. El aire cargado del verano se ha refrescado, y los verdes brillan. El pueblo ha quedado vacío de veraneantes… estamos los pocos de siempre.
Katharina y Johannes acaban partir de vuelta para Alemania y sólo queda Kate, la voluntaria australiana. Ayer, en los ratos que no llovía y asomaba el sol estuvimos mano a mano recogiendo las primeras calabazas: cientos de tonos anaranjados llenando todo el remolque. Me venía al tarareo esa canción de los andaluces EA!
Que llueva, que llueva
la Virgen de la cueva

que sí, que no,
que caiga un chaparrón,
que crezca la hiebagüena
… y en tu corazón.
Papapá, papaparara…

Tómala y siémbrala
riégala, ya crecerá.